sábado, 31 de agosto de 2013

Cali (Colombia)


Llegué a Cali para quedarme unos días. Tatiana sería mi anfitriona de CS.

Cali es conocida como la capital de la salsa. Y yo iba con unas ganas tremendas de aprender por fin a bailar. Todos los visitantes disfrutan de la vida nocturna al ritmo de las orquestas y grupos tradicionales que, con trompetas y tambores interpretan el ritmo tradicional del Valle del Cauca, en medio de las academias de baile, discotecas y bailaderos.


Y es cierto, Cali es pura rumba (fiesta, marcha) como dicen allí. Cada NOCHE se sale. Eso sí, de día la ciudad no es lo mismo. Hace un calor tremendo, y la gente camina agotada, mezcla de ese calor, y seguramente de la rumba de la noche anterior.


Pero la salsa caleña es mucha salsa. Es super rápida, casi acrobática. Tienen una forma de moverse fascinante. Apenas si se le ven los pies...

Los jueves por la noche se suele ir a Tin Tin Deo. Tin Tin Deo es la cultura de la rumba, es reconocida como la mejor discoteca de salsa en Cali.

Y es que en Cali, hay dos cosas que valen la pena. La rumba y el guaro (aguardiente). Estas lindas damiselas me dieron a probar un poco de Aguardiente Antioqueño.



Y con Tatiana y sus amigos, mi CS, salí un par de noches. Y cuando digo noches, es porque de día se hace poco, como dije.

El centro de Cali tiene un par de sitio lindos, pero basta. Mucho más no hay.

Aquí en la foto, la iglesia La Ermita.


O la iglesa de La Merced



Aquí la Merced por dentro.

 

Aun así me dediqué a pasear de día por su calles.

Y éste sigue siendo para mí uno de los mayores misterios de Latinoamérica, el sistema de calles y carreras. Los mayas, aztecas e incas probablemente perecieron por intentar descubrir cómo funciona este rompecabezas.

Tin Tin Deo está en la Calle 5 # 38 - 7, por ejemplo.

Ya topé con ese sistema incluso más curioso en Costa Rica. Pero recordar que allí la cosa no está reglada en toda la ciudad, sino que iba en función de algún lugar importante de un área en concreto y desde éste se explicaba como llegar a cierta direción.
En mi post de Costa Rica no llegué a explicarlo, pero os cito una dirección y ya os podéis imaginar:

"Del Mega Super de Sabanilla 400mt oeste, 100mt norte y 100mt oeste.
En residencial Malaga, casa #18A, San Pedro, Costa Rica"

La plaza de Caicedo  es el parque o plaza principal, situado en pleno corazón de la ciudad, fue desde tiempos coloniales el punto central y el lugar en donde se realizaban los grandes espectáculos. Fue plaza de Mercado y parque estilo europeo con rejas de hierro forjado y del cual quedan algunos recuerdos fotográficos.




Hoy en día tanto la Plaza de Caicedo, como el centro es un sitio amorfo y sin ningún encanto, pues sus edificios mas antiguos fueron destruidos, muchos lugares se destinan como parqueaderos o negocios populares, así como todo el centro ha sido invadido desde hace cerca de treinta años por un número creciente de vendedores ambulantes que han destruido completamente la estética de todo este sector.



Uno de esos negocios ya lo vi por otros sitios de latinoamérica, pero lo descubrí unos meses antes en Hanoi (Vietnam).

Se trata de caña de azúcar

Precisamente éste vídeo que he encontrado en youtube, está rodado en la plaza Caicedo. http://www.youtube.com/watch?v=LVsXXjeAT3Q



Pero Cali, es una ciudad grande, que aún tiene sus peligros, sobre todo al caer la noche. Pero tiene mucha mala fama desde los años 80, en la época del famoso cartel de Cali.

Por eso, entrada la noche, mejor regresar a casa y moverse en taxi.


En la casa de Tatiana, por cierto, quise cocinar una noche para ella y lo tuve que hacer en estas condiciones.



Con mi linterna porque la mitad de la casa tenía la luz cortada, pero no un día, sino siempre...

Mario y Sabine también estaban en Cali esos días, y se quedaban en el mismo hostel los dos. Allí ofrecían clases de salsa gratis, y ensayamos un poco antes de salir de rumba.

Una de esas noches de rumba, conocí a otra Tatyana en un bar. Bailamos, bebimos guaro, nos reímos. Ella esta con su prima, y yo con Mario y Sabine.

Esa semana nos invitó a comer y a su piscina. Tatyana estudió repostería en Barcelona 3 años, y ahora tiene su propia repostería en Cali. Nos hizo un postre de chocolate que era un orgasmo culinario.


Tatyana, la repostera (mi chocolatito blanco, como yo la llamaba) es un cielo de persona. Super dulce y linda. Siempre riendo y super generosa.

Como estaba recién regresada de Barcelona, aún no estaba trabajado y decidió pasar algo de tiempo conmigo durante mi estancia en Cali. Me llevó un día de esa semana a visitar el Río Pance, que es uno de los principales destinos turísticos de los habitantes de Cali. Desde el Pueblo Pance hasta zona conocida como la Vorágine hay un buen número de restaurantes y parques recreativos.

Nosotros nos quedamos pasando la tarde junto a las cascadas del Ecoparque.





Allí nos relajámos un poco y recuperamos de la rumba...


Me atreví a meterme bajo esta cascada llamada la Chorrera del indio, con 35 metros de altura, que cae sobre una piscina natural.



Pero no fue una buena idea. Tenía una potencia de caída tan brutal, que me tiró al suelo como un muñeco de trapo.


Dejé Cali tras 5 lindos días... noches! Noches pura Rumba!

Mi chocolatito blanco fue sin duda lo mejor de Cali. Gracias por todo cielo.



martes, 13 de noviembre de 2012

Manizales (Colombia)


Mi destino en aquella lluviosa noche en la dejé atrás Bogotá, con alguna lagrimita, era Manizales.

Una vez más, me encargué de conseguir un buen precio en la estación de autobuses para nuestro grupo. Esta vez me acompañaban Mario , Alicia y Karissa.

Viajamos nuevamente de noche para llegar bien temprano de mañana a la terminal, en la parte baja de Manizales, desde donde tomamos un taxi hasta el hostel, the Pit Stop.





Manizales es una de las tres ciudades más importantes del eje cafetero de Colombia, junto a Pereira y Armenia.


Ninguna de las tres descata por su belleza precisamente, pero son paso casi obligado para visitar las plantacionesy haciendas de uno de los mejores cafés del mundo.


Yo no iba a visitar ninguna plantación cafetera, pero si elegí Manizales como punto de conexión para llegar hasta Salento y visitar en Valle de Cocora.



Y aunque Manizales, como ciudad no tiene nada que pueda atraer, me quedé 3 noches en el Pit Stop con los chicos y de paso actulizando mi blog y las fotos. A veces cierto "relax" sienta bien.



Allí conocí a Sabine, una chica alemana bastante simpática con la que salí a descubrir más de la ciudad, que se puede resumir en algunas calles comerciales del centro y poco más.



Aunque en su defensa hay que descatar algunas de las iglesias que pudimos ver. Algo diferentes al resto.



El Pit Stop celebró una fiesta aniversario bastante animada en la que conocimos mucha y muy varidada gente.



Sobre todo Sabine y yo pudimos conocer a muchos "Einhemischer" (lugareños) con lo que hablar y divertirnos. La verdad es que sí nos lo pasamos muy bien, pues en el hostel practicamente no había muchos más huéspedes que nosotros, así que la mayoría de la gente que llegababa la fiesta eran colombianos.





Sin duda el mayor atractivo turístico de Manizales es el cable aéreo, que conecta el terminal de autobuses con la parte alta de ciudad donde estábamos nosotros.


No es que sea una vista precisamente bonita. Más bien parece un recorrido por  las favelas de Rio de Janeiro, pero es interesante sobrevolarlas y verlo todo desde allí arriba. 


Hay que decir, que el cable aéreo no está diseñado para turísticas, que son pocos, sino para la gente de Manizales, de donde es, por cierto, el famoso equipo de fútbol Once de Caldas.

Y con tanto caminar no me puede resistir a más arepas....


Y aunque Manizales sea una de esas ciudad que no tienen nada de particular, siempre hay algo que te tira hacia ella  y te deja una huella determinada por la que no puedes olvidarla.



Desde la terraza de mi hostel podía ver una cortina de vapor que ascendía de una montaña al fondo. 

Pregunté y resultó ser el Nevado del Ruiz, que estaba en alerta amarilla con cierto riego de erupción en esas fechas.


Vapores que infundía mucho respeto en los locales. Y es que vapores como eso son lo que se pudieron ver salir de Nevado del Ruiz días antes de la tragedia de Armero, de la que ahora se cumplen justo 27 años , tal día cómo hoy.

El 13 de noviembre de 1985 el nevado del Ruiz hizo erupción produciendo flujos piroclásticos que fundieron la nieve y el glaciar de la cima del volcán, generando cuatro lahares (avalanchas) que descendieron por los valles de los ríos en los flancos del volcán, destruyendo un pequeño lago que había sido observado en el cráter Arenas varios meses antes de la erupción. El agua de tales lagos suele ser extremadamente salada y puede contener gases volcánicos disueltos. El agua caliente y ácida del lago aceleraron la fusión del hielo, un efecto confirmado por la alta concentración de sulfatos y cloruros encontrados en el lahar.

Los lahares, formados de agua, hielo, rocas, incorporaron arcilla a su composición al erosionar el terreno por el que pasaban mientras descendían por las vertientes del volcán a una velocidad promedio de 60 km/h.

La suerte para la gente de Manizales aquella mañana fue todo se vertía hacia la cara opuesta del nevado.

No tanto suerte tuvieron en Armero Guayabal, ubicado a poco menos de 50 km del volcán y que hoy hace 27 años causó la muerte de 23.000 personas de sus 29.000 habitantes y borró literalmente del mapa al municipio.

Aunque sólo tuviera 5 años, yo me acuerdo perfectamente de esa tragedia, sobre todo por una imágenes que me marcaron de por vida.

Omayra Sánchez Garzón, la niña de 13 años que se convirtió en un símbolo de la tragedia de Armero.

Omayra estuvo tres días atrapada en el lodo, y aunque los socorristas hicieron todo lo posible por ayudarla, no lograron salvarle la vida, pues para sacarla necesitaban amputarle las piernas y no tenían los medios.
La única opción fue dejarla morir. Omayra cantaba y reía, mientras muchas personas se acercaban a acompañarla. Se mantuvo hasta el último momento una entereza desgarradora y supo, llegado el momento, que tenía que despedirse de su familia.

Este es mi humilde y sentido homenaje a Omayra y todas las víctimas de aquella horrible catastrofe que, de alguna manera, pudiera haberse evitado.

Descansen en paz.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Salento y Valle de Cocora


Llegué a Salento con Mario y Sabine desde Manizales.

Teníamos como siempre algunos hostales preseleccionados y empezmos lógicamente por el que mejor sensación nos daba: La casona de Lili.




Subimos y la misma Lili en persona nos recibió y mostró nuestra habitación, una cuadruple para nosotros tres.

Lili es una de  personas que erradian una alegría y paz interior que te llega en cuestión de segundos. A los pocos minutos ya estábamos tomando un desayuno que ella mismo nos preparó.


El tiempo en Salento es de montaña. Ahora sale el sol...




...ahora la niebla lo cubre todo.





Queríamos ir al día siguiente a visitar el valle de Cocora, pero con tal niebla y la lluvia no tuvimos más remedio que quedarnos en Salento, cosa no nos importaba mucho, la verdad.


 
Es un pueblecito de unos 7.000 habitantes con un encanto especial. Incluso, para mí, más bonito que Barichara, si cabe.

O sea, más o menos del tamaño de Trebujena, el pueblo de mi padre, al que algún día dedicaré un post.

Esa niebla que aparece y desaparece desde el valle le da al pueblo un aire místico.

 

Coloridos balcones de madera, calles húmedas por la esa continua llovizna que termina por empaparte por completo a los pocos minutos, y lugareños que apenas si se percatan de los visitantes que puedan llegar a su localidad. Ellos viven felices y hacen su vida normal.



En Salento tienes la impresión que la gente en no camina, sino que se desplazaban de un vecino a otro para seguir conversando. Todo es pura relajación. Nada de stress ni prisas. La gente atiende sus negocios con absoluta tranquilidad o disfruta jugando en los salones de billar mientras toman algo con amigos.



Y mucho lo hacen desde después de su jornada de trabajo directamente, aún vestidos con la indumentaria típica del eje cafetero, una ruana. Algo así como un poncho.

El sombrero vueltiao, sin embargo, es más típico del carribe colombiano, pero es ya símbolo de identidad para toda Colombia

Y como tuvimos tiempo de sobra para poder descubrir lo pequeño que es Salento, nos dimos una vuelta por sus alrededores, con múltiples fincas agrarias y ganaderas.




Para subir al Alto de la Cruz hace falta tomar el Vía Crucis de 253 escalones. Estos Vía Crucis pueden verse representados prácticamente en iglesias de Latinomérica, tomando importancia en sitios como la catedral de Zipaquirá.

Desde el Alto de la Cruz se divisa el valle de Cocora y todo el casco urbano de Salento



Tras dejar atrás los 253 escalones, Sabine y yo decidimos internarnos un poco por el Ecoparque el Mirador y nos pasó algo curioso. Nos encontramos con un soldado haciendo guardia. Bueno, estaba algo distraído con su celular, pero al vernos se cuadró con su fusil de asalto y nos dió el alto, informándonos de que no se podía acceder, ya que era zona militar.

Eso me recordó lo que Carolina me contó sobre los falsos positivos,  la muerte ilegal de civiles por el Ejército colombiano que luego eran presentados como muertos en combate con la guerrilla para inflar los números de bajas causadas al enemigo, y luego se "manipulaba la escena del crimen" al vestir a las víctimas con prendas militares, armamento y munición "preparados" para tal fin, haciendo pasar a esos inocentes campesinos por guerrilleros.

Así que al volver a La Casona, le pregunté a Lili si nos podía contar más y ellas nos sentó, se le borró prácticamente la eterna sonrisa que nos llevaba dos días regalando y nos empezó a contar sobre la historia y dura realidad de ese fenómeno, un estigma en Colombia difícil de borrar.

Es realmente una dura parte de la historia colombiana que traspasa frontera por su crueldad.

En La Casona Lili tenía un acogedor rincón con dos sofás frente a un televisor con DVD, y una extensa y ordenada colección de películas nacionales e internacionales.

Y tras oir tanto y con tanto interés, nos decidimos por "Los colores de la montaña". Esta excelente película, que os recomiendo al 100%, habla de la realidad de millones de colombianos que han sufrido un conflicto interno desde 1948, dando como resultado ser el segundo país en el mundo con mayor tasa de desplazamientos forzados.


Sin ir más lejos, hace tres días, pude leer otra terrible noticia que me recuerda mucho a todo lo que pude aprender sobre el tema.

Un tema, la verdad que me daría para escribir mucho y sobre el que me gustaría exponer más. Si os interesa, por favor, no dejéis de investigar y poneros en contactoo conmigo.

Pero ahora quizás sea mejor que siga con mi post desde mi punto de vista de visitantes a Salento, no de enviado especial del FIDH.

Bueno, de vuelta Salento, algo tendríamos que comer, no? Y qué mejor que el típico plato de la zona:

Jugo, sopa (lentejas) y plato principal: trucha con patacón, arroz y ensalada y postre (una banana, que no plátano)

Todo por unos 6.000 pesos colombianos, unos 2,60 €.




Al tercer día ya sí pudimos salir hacia el Valle de Cocora, una de esas maravillas únicas de la naturaleza, que sólo puede ver allí y en ningún otro sitio más. Para mí, una maravilla única comparable al gran cañon del Colorado, las cataratas de Iguazú o las Galápagos... Al menos esa opinión me vale a mí, que nunca visité ninguno de esos tres sitios... ;-)


Para llegar hasta el Valle de Cocora tomamos un jeep que nos dejó en la entrada, desde donde teníamos dos rutas posible para bordear el Valle. Lili nos aconsejó la que, para ella, era la mejor, pero en algun punto, tras cruzar el río y visitar una cascada, debimos desviarnos y acabamos cruzando un nuboso bosque donde el barro nos subía por lo tobillos.


Aún así, merecía la pena, pues aquel mágico paraje era un sitio en el que "un sitio para perderte" adquiría el más bonito de los significados.


Además no estábamos solos, alguien vez nos encontramos con signos de vida entre la espesa niebla.


El maravillso paisaje del Valle de Cocora, a altura entre los 1.800 y los 2.400 metros sobre el nivel del mar, tiene un protagonista único y singular: la Palma de cera del Quindio.



Es un paisaje impresionate en el que te sientas libre, pequeño y feliz sin saber muy bien porque estos adjetivos se entremezclan con el simple hecho de estar mirando unas palmeras.

Pero es que son mucho más que unas palmeras normales, son el árbol nacional de Colombia desde 1949. Se encuentran en las altas montañas de Colombia, especialmente en los bosques de niebla, y se llaman así porque su tallo está recubierto de cera para protegerse de insectos y hongos.


Esa delgada capa de cera que cubre sus troncos suele conferirles un tono blanco muy atractivo. Esta cera se ha empleado en diversos usos, como la elaboración de cirios, barnices, aislantes y betunes.

 
Alcanza alturas de hasta sesenta metros y tiene un promedio de vida de unos cien años. No sólo es la palma más alta del mundo. Algunos ejemplares excepcionales alcanzan entre 50 y 60 metros de altura, sino que crecen a elevaciones mayores que cualquier otra palma en el mundo. Llegan hasta los fríos bosques nublados a 3200 m.s.n.m.


Los visitantes en el valle de Cocorá, aunque pueden apreciarla en grandes cantidades, no saben que el espectáculo no está garantizado: las palmas germinaron y se establecieron en los bosques y hoy, muchas de ellas enfermas, mueren lentamente en su hábitat hostil, estando ya bajo protección debido al alto riesgo de extinción.
 

Aún recuerdo lo bien que me sentía en aquel paraje, envuelto entre niebla que aparecía y desaparecía en cuestión de minutos sin que uno se diera cuenta.

Fue sentir una enorme paz interior y un contacto extremo con la naturaleza.

Una experiencia única, que merece la pena vivir.